Los Amigos se Reconocen...
Por: Nelson Rivas-Cortez
Generalmente nunca abro un correo desconocido pero el nombre de quien me lo enviaba me sonó y decidí abrirlo. Efectivamente se trataba de la misma persona. Un compañero de estudio en la época tempranera de la vida. Al parecer asistimos a la misma sala por 6 años consecutivos. Del tercero al noveno grado. Suena ha bastante tiempo ¿no es cierto? ¡No es mucho para lo que llevamos vivido!
Ese fue un día especial. Me emocioné. Un montón de recuerdos se amontonaban en mi mente. Quisiera haber podido haber superado esta sensación pero cuando las emociones llegan de esta manera me es difícil ocultar mi reacción. Mi corazón dio una hojeada a un pasado difuso. ¡Es increíble! Hubo niñez en mi vida. Una niñez feliz rodeada de amigos con los que estudiábamos juntos y luego jugábamos al futbol con lo que nos restaba del día. Fue antes de la guerra y de todo lo que se nos vino encima.
Reconozco que mi mente, quizás como autodefensa, tiene muchas lagunas. Hay tiempos que quisiera poder recordar. Hay otros que no se si realmente existieron. Algunos más... no se qué pasó. Lo bueno es que mi esposa ha pasado conmigo mucho tiempo, y me conoce desde entonces, y se ha vuelto algo así como “my recovery memory”. Así que la llamé y le pedí que me ayudara a rescatar ese rostro y le hicimos la lucha juntos. ¡Me gusta apoyarme en ella ya que si algo sale mal tengo a quien culpar!
Contesté el correo entusiasmado y me dijo de otros compañeros y lo que sabía de ellos. Al día siguiente me escribió alguien más. La madeja se estaba deshilando. Pienso que poco a poco irán apareciendo otros. Supe por ellos de una de mis profesoras. Enviudo y sigue adelante manejando bien sus asuntos. A temprana edad unos se enamoran de la profesora. No fue mi caso pero la llegue a admirar mucho.
Sin duda algunos han terminado su carrera, y no me refiero de la universidad. Otros han cruzado océanos hasta lugares lejanos, y es de noche allá cuando aquí es de día. Unos más sencillamente están por allí esperando que suceda lo que sucedió conmigo. Han sido cuarenta y pico de años.
Cuando he visitado mi terruño lo hago por escaso poco tiempo. En parte porque pensaba que era ya un mundo desconocido. Todo diferente: nuevos rostros, otras fachadas, caminos que antes no existían, luchas que me son ajenas. Pero ahora sé que aun hay historia para mí. Hay personas que son reales con vidas como la mía para compartir.
El poeta brasileño Vinicius de Moraes escribió acerca de los amigos... ”A algunos de ellos no los frecuento. Me basta saber con que existen... Sin embargo, porque no los frecuento con asiduidad no les puedo decir cuánto los aprecio. Ellos no lo creerían...” Ahora que se que los míos existen me siento más completo.
Para esta mañana, para este desierto alto donde vivo, el pronóstico del tiempo era lluvia y nieve. Así que ayer por la tarde pasé comprando leña y chocolate. Me levanté temprano, encendí la chimenea y veo nevar mientras desempolvo un poco lo que me resta de memoria. Tomé una hoja en blanco y he comenzado a escribir los nombres de los compañeros que recuerdo.
Cosa curiosa, un nombre me lleva a otro. Traté de visualizar sus rostros, y he recordado sus apodos, sus bromas. Aquellos con los que yo solía pasar más tiempo hablando de música, poesía, problemas sociales, futbol... de novias quizás no porque yo siempre he tenido la misma... hoy día es mi esposa y mi amor por ella diferente. ¡Ha crecido y es amor maduro y genuino!
Éramos un montón de muchachos llenos de sueños. Veníamos de padres de pocos recursos pero en ningún momento fuimos pobres -por alguna razón ser pobre la relacionan a escasez material, pero para mí el pobre es aquél que carece de propósitos-. Nuestra escuela fue un galerón de madera y piso de tierra. Pero nadie puede negar como aprendimos mientras nos divertíamos. ¡Y cómo hemos crecido!
Como dije: “mi memoria no es muy buena”, pero confió en que aquel que la creó. Aun la mía la hizo maravillosa. Y así como Él tiene un libro de recuerdo, poco a poco iré llenando el mío no solo con los nombres que me faltan pero irán llegando, algunos con bigotes, otros con el pelo gris y algunos “sin ningún pelo de tontos”, sus rostros perdidos. Y serán recibidos y celebraremos la gran fiesta. Quizás a través de este mundo cibernético o por medio de un abrazo porque habremos de vernos.
La madeja se está deshilando. Gracias Carlos y Ángel, gracias por despertar mis recuerdos. Como escribiera de Moraes: “La gente no hace amigos ¡Los reconoce!!”.
| | No son candidatos al NOBEL DE MEDICINAPor: Teodoro Martínez Arán
En 1979, médicos del Hospital de San Juan de Dios, en Bogotá, preocupados por el escaso número de incubadoras disponibles y la elevada frecuencia infecciones hospitalarias, idearon un programa de asistencia alternativo a los bebés prematuros. Básicamente consistía en colocar al niño en contacto piel con piel entre los pechos de su madre, alimentarle con leche materna, adelantarle el alta y continuar con este tipo de cuidados en el domicilio. |



Por: Carlos Miguélez Monroy