La Vida es Sueño

Por: Nelson Rivas-Cortez

 

Hace más de cuatro décadas leí la obra de Calderón de la Barca “La Vida es Sueño” donde en un momento dado Segismundo, personaje principal de la obra considera el siguiente monologo que da nombre a la obra: “¿Qué es la vida? Un Frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión. Una sombra. Una fricción.

Y el mayor bien es pequeño: Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

 Y ahora ya crecido y adentrado en la vida sigo concordando con esa expresión: “...la vida es sueño...”

Y nosotros somos el sueño del Creador. Un sueño que ha su tiempo se hará realidad.

Las calles donde crecí eran angostas y las casas estaban a la par y las puertas frente a frente. Difícilmente se guardaba un secreto. Todo el mundo se enteraba de todo y la vida era de la comunidad.

Los adultos iban al trabajo por la mañana, los niños a la escuela. Regresaban al mediodía a almorzar y tomar la siesta. Volvían por la tarde a sus ocupaciones.

Las noches eran para divagarse y descansar. No había ni videojuegos ni internet ni teléfonos celulares. Nos reuníamos en la calle para jugar o escuchar a los mayores. La pasábamos muy bien. Eso no quitaba que todos tuviéramos sueños. Soñábamos con vivir plenamente.

Un día sin esperarlo la calle cambio para mí. Llegó la niñita que daría sentido a mi forma de mirar. Teníamos solo nueve años y nos adentramos en la vida. Primero con pasos cortos y luego saltos largos. A los 17 años nos nació nuestro primer hijo, y seguimos soñando...

De repente la gente se puso seria y me envolví en el mundo dialectico de Carlos Marx, de un “Che” que comenzó la leyenda y un Allende que moría... la marimba y el folklore de un pueblo que gemía.

Del hombre del maíz, sudoroso, manos callosas y pies agrietados, laborando en la siembra y el arado, con el sol en su punto y el tecomate vacio. Mientras en su choza el hambre deambulaba sin importarle el ladrar de los perros.

Luego llego el activismo de denuncia, las consignas roncas que acallaban el tráfico, las luchas que desaparecieron a mis amigos... y el exilio forzado... pero los sueños no acabaron.

La vida sigue siendo una lucha y es la de cada uno. Solo el indio sabe lo que pesa su morral. Mis hijos crecieron y se marcharon. Los años han dejado su huella. Sigo soñando. Creo en la lucha activa. En el militarismo práctico. En la capacidad que cada uno tiene para lograr sus objetivos. En el poder de la palabra hablada y escrita.

Sigo creyendo en un mundo donde el campesino plante y siembre y levante su cosecha y use de la mejor manera el beneficio de su duro trabajo. Donde el hambre y la injusticia sean cosa del pasado y no haya gobiernos humanos que opriman al hombre. Un mundo donde las pandemias y la muerte sean solo un recuerdo amargo y las lágrimas que se viertan sean solo de alegría.

Crecí en una sociedad esperando cambios radicales que comenzaba en el hombre mismo por medio de educarse, meditar y realizar. Eso no ha cambiado. Es tan real como usted y como yo.

Real como el amor que el tenemos a nuestros amados. Real como el odio que existe entre la gente. Como el egoísmo presente que predomina. La xenofobia reinante que etiqueta a las personas y promueve leyes que margina mientras se habla idiomas extranjeros con acentos raros para sentirnos asimilados. Tratando de vivir un sueño que debe de ser el sueño de todos.

Nosotros somos el sueño del Creador. El verdadero sueño del hombre poseyendo la tierra- que se le ha prometido- para que la produzca y la convierta en un paraíso. Una tierra sin fronteras y un solo lenguaje puro. Donde el nómada errante dejara de ser llamado “residente forastero” y tomara posesión de su herencia... “las cosas anteriores no serán recordadas ni subirán al corazón”.

Mi esposa y yo seguimos compartiendo el mismo sueño, a la víspera de cuarenta años de vivir juntos... con la alegría de los momentos buenos como familia y con los amigos; a pesar de los peligros y tribulaciones. Felices de abrigar la misma esperanza y laborar para que se cumpla.  

Conscientes de que para el hombre... “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” ...pero para Jehová su sueño ha de cumplirse: ¡Vida eterna para el hombre - en felicidad- en la tierra convertida en un paraíso!.

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