¡La Puerta hacia un mundo maravilloso!
Por: Nelson Rivas-Cortez
“¡Gracias por haber sido la puerta hacia un mundo maravilloso!...” aun tengo presente el día que expresé esas palabras. Era solo un muchachito. Vivía una encrucijada. Estaba cerca de la costa. En un estero lleno de manglares. La luna y las ranas me hacían compañía.
De alguna manera me sentía nostálgico. Ese día me hacía más viejo. Un año más se sumaba a mi vida. El recuerdo de mi madre vino a mi mente y quise hacer lo posible de alcanzarla a ella. El día siguiente me dirigí a la oficina de Telégrafos y le envié el mensaje del inicio: “¡Gracias por haber sido la puerta hacia un mundo maravilloso!”
Pasaron los años y me vine para el norte. Lejos del hogar materno. De ese entonces a la fecha ha pasado mucho tiempo y he crecido en muchos sentidos. Pero de alguna manera el amor de mi madre, sus consejos y oraciones estuvieron cerca de mí y me previnieron de cometer errores.
Me visitó en algunas ocasiones aunque nunca pudo adaptarse al trajín de la gran ciudad. Se sentía fuera de su elemento. Acostumbrada a ser partícipe le era difícil limitarse a observar. Añoraba su casa, sus libros y sus plantas y me pedía que adelantara el vuelo. Yo quería retenerla pero a veces insistía tanto... y me partía el alma por que cuando a ella le correspondió me cuidó como mejor supo hacerlo.
Debido a mi trabajo seglar estoy expuesto a mucha gente. Una madrugada hablando con una joven me comentó que todos los fines de semana hablaba por teléfono con su mamá y siempre encontraba cosas interesantes que conversar. Me preguntó con qué frecuencia yo lo hacía. Le dije que muy pocas veces. “¿Porqué?” preguntó y me aconsejó hacerlo más seguido porque cuando ella muriera la extrañaría mucho. ¡Cuánta razón tenía!
En otra ocasión una señora se acercó a mí y en tono muy amable me dijo: “Salúdame a tu mamá y dale las gracias por mí”. Yo extrañado le pregunté qué quería decir. Sin dudarlo ella agregó: “...¡por haber criado un buen hijo!” Créanme, ese es uno de los mejores cumplidos que he escuchado.
Me sentí feliz y triste en ese momento. Feliz porque creo que sí ella hizo un buen trabajo, triste porque no puedo decírselo porque ya partió. ¡Como me hubiese podido detener ese vuelo, y gozar un poco más de su presencia en mi vida..! aunque a veces estábamos en desacuerdo. Eso es parte del amor.
No podría decir con toda propiedad porque el recuerdo de mi madre ha llegado a mí esta tarde -aunque siempre está presente- pero me he sentido melancólico, aunque no es del todo malo ya que me recuerda que soy humano.
Las madres cuidan a sus chiquillos y no saben cómo resultaran. Algunos se quedaran cerca, otros como yo partirán lejos. Unos podrán verla envejecida y atenderla, otros nos limitaremos a hacer lo mejor que podemos y seguir adelante viviendo las consecuencias. Pero como sea, siempre habrá manera de expresar nuestro cariño y hacerle ver que valió la pena.
En la plenitud del medio siglo de mi vida fui a realizarme un examen físico. Fue una tarde larga. Casi podía leer el rostro del encargado al realizarlo. Era obvio que mis condiciones no eran las mejores pero logre pasar los estándares requeridos. No sabía si alegrarme o preocuparme.
Pero viejo como lo era en años llamé a quien fuera el primer amor de mi vida. “Mamá -dije- recuerda que un día usted dijo que yo era su pequeño. Bueno... esta tarde me he sentido muy envejecido...” Las madres conocen la voz de sus hijos y sus estados anímicos. Ella tratando de ser lo más amorosa y animadora posible dijo: “Siempre serás mi pequeño...”
Faltaban muy pocos días para que yo me entrara un año más en la vida... y un día antes mi madre murió. ¿Quién diría que esa habría de ser mi última conversación con ella? ¿Se imaginan? Cincuenta y pico de años antes ella traía una vida, y exactamente cuando se cerraba el siclo ella entregaba la suya.
Durante el sepelio todos sus hijos expresamos unas palabras. Uno de ellos solo dijo: “hace muchos años uno de mis hermanos le envió un telegrama que ella conservó hasta el último momento. Y ahora yo comparto ese pensamiento: ‘¡Gracias por haber sido la puerta hacia un mundo maravilloso!’”
Hay cosas que nunca dije suficientemente. Ella siempre supo que la quería y lo exprese de mi mejor manera. Ahora realizó que pude haber hecho mejor. Y este es el punto: Amemos a nuestra madre de hecho y palabra. Hagámoslo mientras viva. Que sepa cuanto la apreciamos. Que valoramos su abnegación y sacrificio. Así cuando ella parta lo hará satisfecha... ¡porque valió la pena!.
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Por: Jorge Mújica Murias