Los 50, la edad de “REINVENTARSE”

El cumplir 50 años usualmente es asociado con “crisis de la mediana edad” o sugerencias de “reinventarse”. La realidad es que cuando de cumplir medio siglo se trata, el panorama no es el más alentador.

Toma una mirada a las maneras como la vida mejora realmente con la edad. La psicóloga Vivian Diller destaca lo que realmente pasa con la edad.
1. El conocerse brinda seguridad. El acercarnos a los 50 nos podría causar nervios, pero estudios demuestran que durante los años de la edad media, la mayoría se calma. ¿Cómo? Hacemos una reflexión en nuestra vida y nos damos cuenta lo abstraídas que estábamos y comenzamos a apreciar la experiencia que los años nos han enseñado. Nuestras necesidades, deseos, gustos y disgustos emergen como patrones reconocibles, lo que nos ayuda a tomar mejores decisiones. Somos más seguras, reaccionamos mejor a las expectativas de los demás y respondemos mejor a las propias. Nuestras vidas externas se vuelven más en sintonía con nuestras creencias internas.
2. Disfrutamos el aquí y ahora. La edad nos ayuda a reconocer la importancia de hacer lo mejor del tiempo que nos queda. En lugar de desear regresar a la juventud, muchos comenzamos a disfrutar justo donde nos encontramos. No sólo dejamos de mirar hacia atrás con mayor frecuencia, también sentimos menos presión para seguir hacia delante. El ser exitosas en la vida profesional o social no es una gran prioridad. No perseguimos metas que no nos motiven y nos sentimos más complacidas con lo logrado. Podemos seguir buscando diversión y aventura, pero tomamos más tiempo para escuchar, probar, oler y disfrutar lo que estas experiencias nos brindan.
3. Aceptamos limitaciones. Con la edad vienen expectaciones realistas. Aceptamos nuestras limitaciones así como esas en los demás. Muchas nos damos cuenta que la gratificación inmediata cuesta la satisfacción a largo plazo. Controlamos los gastos para ahorra para el retiro, limitamos las indulgencias para mantenernos saludables e invertimos tiempo en construir relaciones. Nos damos cuenta que relaciones largas con parejas, jefes, colegas y amigos son logros significativos.
4. Conectarse con familia extendida. Según ganamos edad, encontramos formas de conectarnos (o reconectarnos) a nuestras familias extendidas, aunque en el pasado lo encontráramos difícil. Reconocemos que todos tenemos faltas y mostramos mayor aceptación, porque comprendemos que el futuro tiene límite. Cuando llegamos a la edad media, los hijos mayorcitos comprenden que hicimos lo mejor que pudimos, y así mismo hacemos nosotros con nuestros padres.
5. La perspectiva abre nuestros ojos. Según vivimos más, nos abrimos a nuevas perspectivas que nos ayudan a entender nuestro lugar en el mundo y dónde pertenecemos en este gran universo. Este contexto puede ayudarnos a obtener mayor entendimiento y propósito en nuestras vidas.
6. Se disfruta la soltería. Si estamos separadas, divorciadas, viudas o solteras cuando alcanzamos la mediana edad, encontramos lo positivo de ser independiente. Reconocemos que algunos matrimonios que envidiamos no son la gran cosa y que algunas familias que idolatrábamos, pueden estar rotas y desconectadas. Nos vemos menos propensas a caer en relaciones disfuncionales y disfrutamos mucho nuestra soltería. Nos conectamos con otros en circunstancias similares.
7. Amistades más profundas. Según vivimos más, con más años sin los hijos en la casa, nos reconectamos con amigos, lo que encontramos importante y satisfactorio. Buscamos viejos amigos, vecinos y compañeros que tal vez no hemos visto en años porque nos damos cuenta que comparten una parte de nuestra historia. Antes evitábamos reuniones de compañeros o regresar a vecindarios de antes, pero ahora nos entusiasma. Con mayor libertad y menos interferencias de los hijos y el trabajo, disfrutamos estas oportunidades mucho más.
8. Luciendo lo mejor, no más joven. Mientras atravesamos la mediana edad nos damos cuenta que la presión “anti-vejez” ya no es tan latente. Los esfuerzos para lucir mejor y más joven parecen fútiles y hasta tontos. Seguimos prestándole atención a nuestra apariencia, pero le damos mayor énfasis a nuestra personalidad y autoestima. Nos damos cuenta que la verdadera belleza, la que es dinámica y siempre evoluciona, se disfruta mejor si somos fieles a nuestros estándares internos, en lugar a los que los otros fijan.. CL

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